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Sentirse como en casa fuera de México

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En Tokio, en lugar de dormir en un hotel occidental, dormimos en un tradicional Ryokan japonés.

Tomar un avión y volar por 6, 10, 14 horas a algún nuevo destino por descubrir. Aterrizar en una ciudad fuera de la República Mexicana. Respirar aromas diferentes al maíz, al smog, al drenaje. Instalarte en el cuarto de hotel que será tu casa por algunos días. Colgarte la mochila en la espalda y salir a caminar para conocer la mayor cantidad de cosas posibles. De pronto, tus entrañas comienzan a molestarte. Empieza a darte hambre. Rápido buscas un lugar para sentarte a darle placer a las papilas gustativas y ¡entras a un restaurante mexicano!

De entrada, unos sopesitos con frijoles, salsa “picante”, crema y queso. Para beber, un tequila derecho o una Corona helada para refrescar al cuerpo. De plato fuerte pides unas exquisitas enchiladas de mole con pollo y ajonjolí. Y por supuesto que no podían faltar de postre unos buenos chongos zamoranos. Levantas la mirada, buscas al mesero, y con la mano haces la internacionalmente conocida seña para pedir la cuenta. La cantidad a pagar es cuatro veces más cara de lo que pagarías en México por la misma comida, pero deslizas la tarjeta de crédito satisfecho de haber comido uno de tus platillos favoritos.

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Oh sí, la globalización. Encontrar restaurantes mexicanos en muchas de las ciudades más importantes del mundo es un regalo para muchos viajeros provenientes del país Azteca. Y no se diga la cantidad de McDonald’s que hay regados por el planeta… y Subway… y Kentucky Fried Chicken… y Starbucks… ¡uff! La lista es infinita.

Esto sin mencionar que en todas las tiendas de autoservicio tipo Oxxo que se pueden encontrar en los cuatro puntos cardinales, siempre se pueden encontrar papas fritas estilo Sabritas, chocolates de Nestlé, Coca-Cola (aunque con mayores o menores niveles de azúcar y por lo tanto un sabor un poco variado al acostumbrado), y por supuesto las ya mencionadas cervezas Corona.

La globalización ha permitido que viajar no sea tan difícil para algunas personas, pues al encontrarse descubriendo una nueva ciudad se pueden disfrutar de cosas acostumbradas en la vida cotidiana.

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Y nunca faltan mexicanos con los cuáles encontrarse accidentalmente en el extranjero, para luego entablar una noche de copas y terminar con una amistad que seguirá de regreso a México. Puedes encontrarte caminando por Shibuya, en Tokio, o adentrándote al Muir Woods National Monument de San Francisco, o bebiendo una cerveza en el bar de tu hostal en Ámsterdam, cuando otros mexicanos te identificarán en el momento en que digas expresiones como “wey”, “poca madre”, “chingón”, y esas otras palabras coloquiales que se usan en México.

También está la típica situación en la que mientras estás de vacaciones, la Selección Mexicana de Futbol tiene un partido importante, y te vas a verlo a un bar mexicano para festejar los goles en compañía de más mexicanos, tal como si estuvieras en un restaurante en la Condesa (bueno, esto sí se perdona).

No, no estás solo. Y esta situación ocurre con todas las nacionalidades que existen.

Sin embargo, la globalización ofrece también otras opciones que deberían ser aprovechadas. La más importante: salir de tu burbuja. Es decir, antes de emprender un viaje, cambia en tu cabeza el chip de que en otro lugar tienes la oportunidad de hacer… probar… sentir… y experimentar cosas diferentes. No vayas a otro país extrañando a México, mejor disfruta de todo lo nuevo que estarás conociendo.

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En el viaje a Asia llevé en la maleta dos latas de chiles jalapeños que cargué conmigo a todos lados, como a la Muralla China, para sacarlos en el momento del picnic.

El extrañamiento a México llegará tarde o temprano, pero cuando ese momento llegue habrá medidas que puedas tomar para que el sentimiento no sea tan grande. Mientras tanto, disfruta. Además siempre es buena opción llevar en la maleta un par de latas de chiles jalapeños, y un recipiente para vaciarlos, para traerlos en tu mochila y sacarlos cuando los necesites.

Disfruta de comer kebab en Turquía. Atáscate de noodles en Tailandia. No pares de comer wonton en China. Cánsate de haber comido tantos croissants en Francia. Dale placer a tus sentidos con un corte de arrachera y churrasco en Argentina. Toma sake en Japón.

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Come comida local. No vayas a donde van todos los turistas, lugares que generalmente están llenos, son más caros y la comida es más comercial. Adéntrate en la ciudad, busca, piérdete, siéntate a comer en el lugar menos esperado e intenta comunicarte en el idioma local, más aún si ya lo hablas en algún porcentaje. Te sorprenderás.

Al final, lo más importante al viajar es aprender a sentirse en casa estando en otro lugar, viviendo experiencias  y  la cultura dentro de este gran “país” llamado Planeta Tierra.

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2 pensamientos en “Sentirse como en casa fuera de México

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